Estábamos ahí, con la vieja casona a un costado y el ocaso a unos cuántos minutos. Siempre me interesaron los fenómenos metafísicos pero nunca pensé que encontraría otro loco (o locos) con quien compartir ese tipo de gustos. Los había conocido hacía pocos días, excepto a uno de ellos que estaba casado con una vieja amiga, y aún después de tantos, no sabía de su extraña afición; fue un miércoles cualquiera, de esos en que jugaba cartas hasta que se acababa el día o el dinero. Los apostadores estábamos en la cocina mientras el grupo expedicionario preparaba todo para su excuersió a la vieja casona abandonada. La verdad es que no recuerdo bien los detalles, pero sé que acabé comprometiéndome a ir en la siguiente expedición.
La casona estaba apenas en las afueras de la ciudad, era un recinto tan poco llamativo que uno hubiera pensado que ni los espíritus podrían haberlo escogido para habitar. Parecía como una casa de interés social pero tres veces del tamaño habitual. Llegamos como a las cinco de la tarde, porque los locos querían probar el equipo que utilizaban para documentar todo. Habían descubierto que los fantasmas, por lo menos los de esa casa, podían ser vistos únicamente por medio de un lente fotográfico y un diafrágma número 16, asíque todos íbamos preparados con nuestras cámaras, no sólo por el aspecto fílmico, sino por el de mera supervivencia; todos, menos yo claro, que había olvidado el rollo en la mesita junto a la puerta de salida.
- En cuanto se oculte el sol comienza el espectáculo- no sé a quien le oídecir, pero la emoción se me clavaba en el pecho, el sol estaba bajando lentamente tras las insípidas colinas del paraje tan poco campestre. Tomé la cámara y observé.
No sé cuanto tiempo pasó. Lo último que recuerdo es el último rayo de luz apagándose y el brillo de la luna que hipnotizaba. No es verdad, recuerdo que se acabó la luz, y poco a poco fue apareciendo una silueta luminosa, era como una mujer, pero no lo era, no lo sé, recuerdo su cuerpo girando, pero… no, no sé, ha y imágenes que se mezclan dentro de mi cabeza, niñas con vestidos blancos de corazones rojos corriendo por la sala, pero ¿qué sala? no es mi casa, es todo muy confuso.
Todos estaban a mi alrededor, pero no en el coche, ni en el campo… estábamos dentro de la casa. Todos juran que fui yo quien los llevé adentro y que descubríun pasillo detrás de una cortina a la que nadie se le ocurrió nunca inspeccionar. El pasillo terminaba justo en la sala, la misma sala de mis borrosos recuerdos, esa sala donde desperté ante la mirada atónita de quienes me acompañaban. Aún no descifro que fue lo que ocurrió, pero en mis sueños aún veo a las niñas correr tras de una enorme pelota morada, tal vez algún día despierte y tenga las respuestas….
Give every man thy ear, but few thy voice… Cecily