< edblog: mágico musical >
je m’appelle ohne namen

¿Alguna vez han sido bautizados con algún seudónimo / apodo de esos melosos /cursis / sucios por sus cachichurris en turno? ¿No? Bueno yo sí. Y con el tiempo he aprendido a odiar el hecho pues generalmente involucra algo más que la simple socialización profunda de una noche de copas.

Para cuando uno carga con semejante nombramiento generalmente es porque dejó la etapa del intercambio de fluidos one way – low cost bastante atrás y se encuentra en algún punto de la no tan metáforica compenetración en todos (y de todos) los sentidos, o como bien diría Quino en voz de Susanita, porque uno ya pasó a formar parte del sector patronal.

En apodos se rompen géneros y he conocido algunos casos en que la primera vez que llamaron de alguna manera a su cónyuge en potencia también les rompieron otras cosas; y es que hay algunos casos en que la imaginación de los involucrados (sí, porque este tipo de acciones acepta retroalimentación) llega a ser tan básica que resulta contudentemente atípica. Tengo una amiga por ahí que solía llamar “Caballo” a su galán, pero eso no es lo peor, sino que el carajito en cuestión le devolvía el favor llamándola “Perro”.

Créanme, no es ciencia ficción. Es más podríamos jugar a que comenten cual es el apodo más extraño (del tipo romántico, los de diario no entran en la clasificación) que han oído o han sido objeto de.

El caso es que como todo en esta vida de sana y corrupta diversión, en el momento que tras una etapa de condicionamiento clásico uno finalmente se empieza a identificar con el sobrenombre (y no porque el sobrenombre lo describa a uno ni mucho menos, pero es como a los perros cuando los compras, después de un mes de llamarlo de alguna forma, al decir  el nombre, el animal sin duda volteará; igual de listos somos los humanos, ¿que no?) sucede lo mismo que con todo buen cine artesanal: la película se quema antes de llegar al final feliz: léase, se termina el contrato de mancomunión o hablando en términos financieros te cancelan las tarjetas de crédito.

¿Y ahora que haces?, no sólo perdiste la capacidad de amanecer con la misma persona durante un tiempo indefinido ( en algunos casos también se pierde el tiempo, el dinero y/o la dignidad), sino también tu soberanía nominal. Y como de la nada te das cuenta que no sólo tú te habías acostumbrado al nombre, sino que tus amigos, parientes, colaboradores y hasta algunos objetos de compañía se habían entrenado muy bien para hacer del seudónimo un vocablo histórico; y te llaman así, a diestra y siniestra, sin sentido y sin objeto y lo peor del caso sin la retribución afectivo-sexual que estaba pactada anteriormente (ah, porque nadie me va a decir que se ha dejado llamar “sirenita” o “gordito” así nomás de a gratis).

Y bueno el caso es que como el tiempo lo diluye todo, el nombre acaba perdiéndose en el olvido o en la costumbre, eso depende de demasiados factores. Pero yo sé, como sé que hoy es  X día de febrero, que hay más de alguna “cosita”, “osito”, “flaquita”, “pollito”, etc. etc. etc. navegando por aquí.

3 comentarios to “je m’appelle ohne namen”

Chroferus says:

What is got over the devil’s back is spent under his belly… Chroferus

Constance says:

Honey is not for the ass’s mouth… Constance

Augustus says:

Give every man thy ear, but few thy voice… Augustus

Leave a Reply

XHTML: You can use these tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>