< edblog: mágico musical >
fins demà; avui no vull sentir

només uno…

vull oblidar-me
sense el silenci
que involucra tot

vull esborrar les fulles
i tallar les tiges
que encara s’embullen en el meu jaç
llimar les pedres
i omplir les conques
on els meus dies
es perden irremeiablement

avui no vull sentir

o veure les seves mans detenir el cel
i bressolar els núvols just abans ploure

tal vegada foren les formigues
que es van menjar les meves arrels
o la molsa
que es va a poderar del meu interior

-però no vull-

no puc tornar al sòl
i repetir el ritu de crèixer

alguna vegada obrí les branques
per a deixar posar-se
vint anys de laments
avui no hi ha ombra
ni petjades després de mi
no hi ha aus que niïn
ni crisálidas que pengin
no hi ha vida
no hi ha…

haurà ocasos que recordi
hiverns que em delatin
tal vegada el seu vent
em sacsegi alguna altra vegada

però avui

no vull inciendiar-me
i haver de renéixer

de explicaciones y otras circunstancias autoinfligidas

dicen que la distancia es el olvido y también que el hogar es donde el corazón está y bueno, yo sé que la relación-moraleja-circunstancia es por demás inteligible que no obvia… porque obvio sólo es el final de las malas películas de estos tiempos y obvio es todo lo que analizamos con desdén después de un tercio de siglo y siempre resulta abrumadora la sensación de haber tenido una epifanía de carácter completamente intuitivo y aún así haber sido todo lo animales que la tierra nos permite ser y caer como caperucita en el lodo.

Y no para atascarnos, aunque nunca falta quien tenga más mal gusto. Que para eso inventaron la mercadotecnia, para venderles a unos el sueño de ser increíblemente felices con dos pesos y a otros convencerlos de que nunca tendrán el suficiente dinero para comprar la felicidad. Todos somos clientes y todos tenemos la capacidad de elegir en que caja del super nos formamos, sea la rápida que siempre está llena de bestias con 40 productos o una más lejos que estará vacía hasta el segundo en el que pongamos un pie delante.

Eso sí es obvio. Las leyes no son casualidad, a excepción de las del código civil y penal y ésas; yo me refiero a las de la física y otras barbaridades. Quiero que alguien me mencione a la primera persona que no ha visto caer de tan podrido, como manzana, chabacano o bien llámesele albaricoque. No somos más que células en éxtasis reproduciéndose a cada instante… y aún así el sexo sigue causando impacto… ¿pero qué nadie es capaz de ver que estamos en constante reproducción? que cada uña, pelo y centímetro de piel es un fragmento más de vida que le otorgamos al universo? como todo ser vivo, el prolongarse no es una opción.

Y aún así a veces nos damos el lujo de presumir de que pensamos, de que creamos, imaginamos, volamos, tomamos, chocamos y nos bajamos como si nada… como si hiciéramos algo espectacular, como si el pensamiento fuera inherente a sólo una franja del espectro evolutivo y lo peor es que tenemos todas las armas para seguir creyéndonos ese cuento, porque más que estúpido el humano es irresponsable y más que por naturaleza por convicción y hábito.

No hay nada que me haga más feliz que ver a alguien atenerse a sus consecuencias y enfrentar sus decisiones con la misma entereza con que las tomó. Sin necesidad de involucrar otras vidas/horas ni otros tiempos/cuerpos.

Pero vale, que alguien de algo se tiene que morir…

Y al final, siempre podemos tomar lo que llamemos dignidad en brazos y montarnos un cuento que nos ponga más contentos y a la larga nos deje más tranquilos y con el cuento de la vez en que ganamos por conservar la integridad… que, Dios!, esa no se pierde ni se mantiene, esa se inflinge en cada acto, porque siempre hay quienes tienen la manía de limpiarse la mierda en el pasto del vecino, porque no son capaces de sobrevivir con su propio olor. Y aún así…

puedo entender tu tendencia a la putrefacción, pero no puedo entender el porqué de mi devoción…

de indecisión y otras fuerzas naturales

Cada que volteo al piso me doy cuenta que no lo estoy pisando. Escribo no por costumbre sino por convicción. Quien lea no habrá de entender por obligación, pero interpretará por inercia. Es la naturaleza, la física, la química, el cosmos. Todo eso que mueve los autos y pudre las manzanas, que nos hace ser amantes e irónicos y sustenta los horóscopos.
Me interpreto cada día después de reinventarme. No es filosofía o audacia, ni pasión por la creatividad o la tecnología. Sigue siendo inercia. Es la gravedad que me impulsa al suelo, donde puedo volver a crecer y dejar de flotar entre el miedo y los humanos.
Muy pocos conocen los días sin sombra, no por ser especiales sino porque nadie los nota. No es el efecto de la luz ni la refracción de las moléculas de tedio que fluyen de boca en boca. No es la inercia. Es la manía de ponerle cifras al tiempo, por creer que se debe ser radical.
Y aún así no sé si quiero volver al piso o subir al sueño o quedarme sostenido de la vida mientras finjo que disfruto de soñar. Hay cosas que no se deben de mezclar. Como el alcohol y los tranquilizantes.
Y esa indecisión no es circunstancia ni problema. Es consecuencia de alguna otra indecisión. Porque no saber equivale a saber tanto que preferimos la ignorancia. Porque sólo la ceguera nos permite ser felices e imaginar que en algún punto hay un purgatorio del que el destino y sus secuaces bien intencionados nos sacarán, algún día. Mientras tanto es mejor perder que anticipar. Mejor callar que entender.
Es la naturaleza, la física, la química, el cosmos.
Ninguna boca se describe en la tercera solución, pero sabe a lo que hacemos o dejamos de hacer. Y abraza con el calor de la esperanza sólo por no ser el paraíso conocido ni el infierno por conocer.